ME DIRIJO A VOSOTROS
Yo quiero revelarme a vosotros … Así se llama Mi promesa, que tampoco vosotros podéis negar, vosotros que os gustaría negar tales revelaciones … Pero ¿cómo puedo revelarme a vosotros si no creéis que Mi Palabra es verdad, la Palabra que Yo Mismo os hablé cuando Yo caminé sobre la Tierra? Me daré a conocer a vosotros, y solo pongo como única condición que Me améis y guardéis Mis mandamientos … Pero esta promesa no significa nada para vosotros, de lo contrario escucharíais con fe y esperaríais Mi revelación.
Os apoyáis en la Escritura, en el Libro de los Libros, y sin embargo, vosotros mismos no creéis lo que está escrito en este. Pues todavía hay muchas más promesas que anuncian Mi obrar a través del Espíritu, a través del cual Yo Mismo quiero revelarme … Pues entonces cómo entendéis esta Mis Palabras: ¿“Os enviaré al Consolador …”, “Estaré con vosotros hasta el fin del mundo …”? … ¿Cómo entendéis las palabras: “de vuestros lomos brotarán ríos de agua viva …”, “Derramaré Mi Espíritu sobre toda carne …”?
¿Por qué os negáis a aceptar que el Padre habla a Sus hijos una y otra vez? ¿Por qué limitáis Mi obrar a la medida que vosotros estáis dispuestos a aceptar? Considerad que vuestra mente puede causar mucho daño cuando apagáis el corazón, cuando no permitáis que el corazón hable, el corazón que verdaderamente os enseña lo contrario … Queréis impedir la comunicación directa entre Mis criaturas y Yo; Queréis considerarlo imposible que Yo Mismo hable a Mis hijos, y sin embargo, también he dicho: “Mis ovejas reconocen Mi voz …”
Por lo tanto, debo hablarles a ellos, y lo hago y lo haré por toda la eternidad … Porque solo lo que fluye de Mi boca es pura verdad; por lo tanto, considerad también como verdad lo que vosotros llamáis “Mi Palabra”, lo que está escrito en la Escritura … Pues debo hablaros a vosotros, los humanos, una y otra vez, porque vosotros … como consecuencia de vuestra imperfección … distorsionáis o malinterpretáis repetidamente Mi pura Palabra …
Por lo tanto, primero esforzaos por despertar vuestro espíritu, procurad vivir Mi Evangelio de amor que enseñé en la Tierra y entonces vuestro pensamiento será lúcido y claro, y anhelaréis que Yo Me revele a vosotros. Pediréis prueba de Mi presencia, y ciertamente, se os dará, porque vuestra fe ha cobrado vida; establecéis una conexión viva Conmigo, y lo que antes no podíais creer ahora os será perfectamente evidente: que el Padre de la eternidad, vuestro Dios y Creador, Se “revela” a Sus criaturas porque desea ser reconocido y amado por ellas. Por lo tanto, Él Se da a reconocer, Él Se “revela” como un Dios de Amor, Sabiduría y Poder.
Y si a vosotros, los seres humanos, os mueve el deseo sincero de acercaros a este Ser sumamente perfecto, entonces también os concederá un saber lucido, para que ya no vaguéis en la oscuridad de la mente, que era la consecuencia de vuestra anterior apostasía de Mí. Porque por mucho que leáis la Escritura con afán, por mucho que memoricéis cada letra … solo vuestro entendimiento recibe un conocimiento que aporta poco beneficio a vuestra alma. Solo un espíritu despierto encontrará plena aclaración, es decir, solo la formación del ser al amor, el cumplimiento de Mis divinos mandamientos de amor, os dará una cognición clara … Entonces también comprenderéis correctamente el Libro de los Libros, es decir, según su significado espiritual, mientras que antes solo os queda el conocimiento literal, pues solo el Espíritu da vida a la letra.
Si vosotros, los humanos, queréis servirme seriamente y hacer una buena obra en la viña, primero debéis establecer la conexión más íntima Conmigo, vuestro Padre desde la eternidad y solo entonces vosotros mismos seréis de espíritu lucido y también saber que yo Me revelo a vosotros, como os lo he prometido, porque Mi Palabra es verdad y debe cumplirse … Y también se cumplirá tan pronto como se den los requisitos … tan pronto como viváis una vida de amor y anhelaréis a Mí y a Mi presencia … y entonces escucharéis interiormente y ya no dudaréis del amor del Padre, Que Se os revela a vosotros a través de Su Espíritu …
Amén